La adolescencia es una etapa de búsqueda constante: de identidad, de pertenencia, de sentido. Todo cambia —el cuerpo, las emociones, las relaciones— y a veces, en medio de esa revolución, también se tambalea la forma en que un adolescente se percibe a sí mismo. La autoestima, en esta etapa, es como una brújula emocional que puede estar desorientada. Por eso, la psicología para adolescentes puede convertirse en una guía valiosa para acompañar ese proceso desde el respeto y el cuidado.
Desde mi experiencia como psicóloga profesional en Aranjuez, acompaño a adolescentes y a sus familias en ese camino tan delicado como transformador: construir una imagen de sí mismos más real, más sana y más amable.
¿Qué es la autoestima y por qué se vuelve tan frágil?
La autoestima no es algo fijo, ni se hereda, ni se obtiene de un día para otro. Es la percepción que cada persona tiene sobre su propio valor, sus capacidades y su lugar en el mundo. Y durante la adolescencia, esa percepción se vuelve especialmente vulnerable.
Influyen muchos factores: los cambios corporales, el entorno escolar, las redes sociales, la presión del grupo, las expectativas familiares… Todo puede sentirse demasiado. Y si no hay una base sólida de confianza interna, es fácil caer en comparaciones, autocríticas o conductas evitativas que acaban erosionando la autoestima.
Señales que pueden alertar
Hay muchas formas de intuir que un adolescente no se está valorando como merece. Algunas señales comunes son:
- Dificultad para aceptar elogios o reconocer logros.
- Comparaciones constantes con los demás.
- Evitación de retos por miedo a equivocarse.
- Conductas de autoexigencia o perfeccionismo.
- Irritabilidad, apatía o actitudes defensivas.
- Necesidad excesiva de aprobación externa.
No siempre lo expresan con palabras. A menudo lo dicen con su silencio, con su actitud desafiante o con su aparente desgana. Escuchar más allá de lo evidente es clave.
Cómo ayuda la psicología para adolescentes
En mi consulta de Aranjuez, lo primero es crear un espacio donde el adolescente pueda ser quien es, sin tener que fingir ni justificar nada. Desde ahí, comenzamos a trabajar en:
- Reconocer sus emociones y validarlas.
- Identificar pensamientos negativos que afectan su autoestima.
- Reforzar sus cualidades, logros y fortalezas personales.
- Aprender a hablarse con respeto y sin dureza.
- Mejorar sus relaciones con el entorno, sin perder su autenticidad.
Utilizo herramientas de la psicoterapia integrada, combinando enfoques como la terapia cognitivo-conductual, técnicas de regulación emocional y dinámicas adaptadas a cada caso. Todo desde una mirada cercana, profesional y sin juicios.
El papel de las familias
Si eres madre, padre o persona cuidadora, tu rol es fundamental. La autoestima también se construye en casa. Y aunque no siempre sepas cómo ayudar, tu presencia, tu escucha y tu disposición pueden ser un anclaje emocional muy poderoso.
En muchos casos, la terapia también incluye orientación a las familias, para fortalecer la comunicación, establecer límites sanos y comprender mejor lo que el adolescente necesita.
Apostar por el cuidado emocional
La psicología para adolescentes no busca “corregir” comportamientos, sino comprender lo que hay detrás. Porque cuando un adolescente se siente visto, comprendido y valorado tal como es, florecen su confianza, su creatividad y su capacidad de elegir desde un lugar más libre.
Si sospechas que tu hijo o hija necesita ayuda, o si tú misma estás transitando esta etapa y sientes que tu autoestima está en juego, recuerda que no tienes que recorrerlo sola. En mi consulta encontrarás un espacio seguro, profesional y humano para iniciar ese camino.
En mis redes sociales, como Instagram y Facebook, comparto reflexiones, recursos y herramientas pensadas especialmente para esta etapa de la vida.