Hay momentos en los que todo pesa. El cuerpo va más rápido que la mente, o al revés. El día parece no tener huecos, las responsabilidades se acumulan y el descanso no llega. A veces el estrés se manifiesta como ansiedad, otras como cansancio constante, otras como una irritabilidad que no entendemos. En cualquiera de los casos, hay algo en nosotras que grita “basta”.
Desde mi consulta de psicología en Aranjuez, acompaño a muchas personas que viven atrapadas en esa sensación de agobio, como si no pudieran soltar ni un segundo sin que algo se venga abajo. Y lo primero que les digo es que su malestar tiene sentido. Que no están exagerando. Y que sí, hay forma de salir de ahí.
Entender el estrés para poder gestionarlo
El estrés no es “malo” en sí. Es una respuesta del cuerpo y la mente ante algo que percibimos como una amenaza o un exceso de carga. Lo que ocurre es que, cuando se mantiene en el tiempo sin pausas, se convierte en un estado de alerta permanente que desgasta profundamente.
Muchas veces no reconocemos el estrés porque se disfraza: se cuela como insomnio, como tensión muscular, como problemas digestivos o como ese ruido mental que no nos deja parar. También se traduce en dificultad para concentrarse, desconexión emocional o sensación de estar “a punto de estallar”.
Por eso, más que taparlo, necesitamos entenderlo. Saber qué lo dispara, cómo nos afecta y, sobre todo, qué podemos hacer para aliviarlo sin exigirnos más todavía.
Estrategias psicológicas que sí ayudan
A lo largo de mi trayectoria como psicóloga sanitaria, he comprobado que algunas estrategias, cuando se integran con respeto y a tu propio ritmo, pueden marcar una gran diferencia. No se trata de “técnicas” frías, sino de caminos de vuelta al equilibrio. Aquí comparto algunas que suelo trabajar en consulta:
- Aprender a parar sin culpa. Hacer pausas conscientes durante el día. Incluso un minuto de respiración puede ayudarte a resetear cuerpo y mente.
- Detectar pensamientos que alimentan el estrés. Muchas veces lo que más nos agobia no es lo que pasa, sino lo que nos decimos sobre ello (“no llego”, “no puedo fallar”, “debería ser capaz…”).
- Escuchar al cuerpo. El cuerpo avisa mucho antes que la mente. Dolores, cansancio, bloqueos… son señales, no obstáculos.
- Poner límites, dentro y fuera. Aprender a decir “hasta aquí” no solo hacia los demás, sino también hacia nosotras mismas y nuestras exigencias internas.
- Trabajar desde el presente. Con prácticas como la atención plena o el mindfulness, podemos volver al aquí y ahora y desactivar esa anticipación constante que tanto nos agota.
No se trata de hacer más, sino de soltar
Uno de los mayores malentendidos sobre el estrés es creer que para gestionarlo necesitamos “hacer más cosas”. Y justo ahí está el error. Porque muchas veces lo que necesitamos es lo contrario: parar, simplificar, atender lo esencial.
La psicoterapia no viene a decirte que seas más productiva, ni a darte recetas mágicas. Viene a ayudarte a entender qué te pasa, por qué te pasa y cómo puedes acompañarte desde otro lugar. Un lugar más humano, más tuyo, más sostenible.
Un espacio para ti
Si sientes que el estrés te está desbordando, que tu mente no para o que tu cuerpo te está pidiendo ayuda… escúchalo. No hace falta llegar al límite para empezar a cuidarte.
En mi consulta en Aranjuez encontrarás un espacio donde no hay prisa, ni juicio. Donde puedes hablar, soltar, respirar y reconstruir tus propias herramientas con calma. Si lo necesitas, estaré encantada de acompañarte. Puedes conocerme un poco más a través de mi web o en mis redes Instagram y Facebook, donde comparto contenidos que quizás también te ayuden a empezar.
A veces, la estrategia más poderosa para reducir el estrés no es hacer más. Es darte permiso para estar, sentir y respirar.